Mares

Contaminación de las aguas en República Dominicana

Uno de los factores que más afectan la disponibilidad de agua para los diferentes usos es la contaminación cada vez más creciente a que está sometido este recurso. Con la contaminación, el agua no desaparece, como no desaparece nunca la materia, sino que se altera su composición y, en consecuencia, pierde su utilidad como insumo esencial de consumo de los seres humanos, y para sus usos agrícola, industrial, turístico, crianza de peces y demás especies de la fauna; además, su presencia contribuye al desequilibrio del ciclo hidrológico.

Los 26 mil millones de metros cúbicos de agua lluvia aprovechable que caen sobre el territorio dominicano cada año se mantienen, pero una parte significativa de esa agua es alterada por múltiples factores que impiden que juegue su papel de utilidad a la vida, a saber: La erosión fluvial. 

Esta se produce en las montañas como consecuencia de la deforestación creciente a que están sometidos los bosques,  especialmente en las alturas de las cuencas hidrográficas. Las aguas de lluvia al caer sobre el suelo desértico de las lomas arrasan la capa vegetal hacia los lechos de ríos, arroyos y mares, contaminándolos con materia orgánica que degrada sus aguas, entre otros daños causados por los sedimentos arrastrados, como son la sedimentación de las presas y el desbordamiento de la parte baja de los ríos con su secuela de daños humanos y materiales.

«El agua, el aire y la limpieza son los principales productos de mi farmacia». Napoleón Bonaparte

Son las raíces de los arboles las que retienen el agua que cae de las lluvias y desde ellas esas aguas fluyen lentamente a través de las cañadas y arroyos que conducen a los ríos y luego desembocan en el mar o en deltas fluviales, en llanuras. Se estima que alrededor del 40% de la superficie agrícola mundial está seriamente degradada por erosión. En la isla Española, que incluye a Haití, la situación es aún más alarmante.

Urge asumir con seriedad un programa de reforestación que abarque principalmente las cuencas altas de los ríos y al mismo tiempo regule el manejo de la agropecuaria para desalentar la ganadería de montaña y la siembra de maíz, fresas, habichuelas, arroz y otras plantas menores en laderas y montañas, muchas veces auspiciado por las propias autoridades del sector agrícola. Esas actividades son las mejores aliadas de la erosión fluvial.

La erosión también contribuye a la sedimentación de los mares con su secuela de daños a playas e infraestructuras marítima, sobre todo en los lugares más bajos donde desembocan ríos caudalosos. Dos ejemplos sobre infraestructura marítima dañadas se podrían citar en la isla. Uno se refiere a la bahía de Puerto Príncipe, Haití, la cual alberga el principal puerto de ese país. Ahí la sedimentación es tan pronunciada que el puerto se ha vuelto disfuncional para la mayoría de las operaciones de carga y descarga de mercancías transportadas por buques de cierta envergadura, como sucede con los barcos que transportan el gas licuado de petróleo o gas propano que viene destinado al país caribeño. Ante esa situación, agravada por el impacto del terremoto de enero de 2010, las cargas con destino a esa capital vecina se manejan desde el puerto de la provincia Azua, en la zona sur de República Dominicana, ante la imposibilidad de hacerlo en el citado puerto haitiano.

El otro ejemplo es el puerto de Sánchez, en la Bahía de Samaná, República Dominicana. Este puerto, que unas siete décadas atrás era el centro económico del nordeste, donde atracaban buques de gran calado para recoger el café y el cacao de las cuencas de los ríos Yuna y Camú, hoy en día sus operaciones son nulas debido a los altos niveles de sedimentación producida por las tierras bajadas de las montañas a través de los ríos Yuna, Camú, Jima y otros. Las playas también son afectadas en muchos lugares de desembocadura de ríos que arrastran esos sedimentos dañinos. Los ejemplos, que abundan en muchas partes del mundo, también se hallan en el país.

El sedimento que va a parar a los ríos y mares está cargado de materia orgánica compuesta principalmente por fósforo y nitrógeno que vienen de la propia tierra y de los fertilizantes y pesticidas que se usan en la agricultura; esto produce en las aguas, tanto marina como dulce, el llamado proceso de eutrofización, que se trata a continuación.

Eutrofización del agua

“La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”, concluyó en sus investigaciones el científico de la química de origen francés Antoine-Laurent Lavoisier

Se refiere a una anormal abundancia de nutrientes en el agua que entran en ella a un ritmo tal que no puede ser compensado por sus formas de eliminación natural. Es una de las consecuencias de los procesos de contaminación de las aguas en ríos, embalses, lagos, mares, etc., que desgraciadamente, debido a la actividad del hombre sobre estos recursos, está cada día más extendida.

La presencia de estos nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo, trae como consecuencia ríos con mucha vegetación y otros organismos que agotan el oxigeno del agua y que llevan a la ausencia de vida en ella. Sus características son mal olor, ausencia de peces y, en general, poca calidad de las aguas. Los efectos son particularmente graves cuando afectan aguas destinadas al abastecimiento urbano.

El problema radica en que si existe un exceso de nutrientes las plantas y otros organismos crecen en abundancia. Cuando mueren, se pudren y aportan importantes cantidades de materia orgánica, llenan el agua de malos olores y le dan un aspecto nauseabundo, descuidado, lo que provoca una disminución drástica de su calidad. Durante su crecimiento y su putrefacción, consumen una gran cantidad del oxígeno disuelto y las aguas dejan de ser aptas para la mayor parte de los seres vivos. El resultado final de este proceso resulta un ecosistema casi destruido.

En las aguas de ríos, arroyos y mares de las principales ciudades de República Dominicana se pueden verificar a simple vista procesos avanzados de eutrofización, es decir, de contaminación aguda. Tales son los casos de los ríos Isabela, Ozama y Haina, que bordean la ciudad de Santo Domingo y que son recipientes de las aguas residuales y de los desperdicios sólidos que provienen de sus actividades urbanísticas. El mismo fenómeno se verifica en el mar Caribe que también es lindante y bordea esa ciudad, cuyas aguas se tornan pardas y malolientes, al ser recipiente de todas las aguas residuales de la urbe, incluyendo de los hoteles e industrias establecidos en sus orillas del Malecón.

En la zona de Bávaro y Punta Cana, en el Este, y en otros litorales se observan ya periódicamente las algas verde-azules que se desarrollan como consecuencia de esa contaminación de materia orgánica proveniente de las descargas de porquerías en sus aguas. Este fenómeno, que se observa cada vez más frecuente en las mejores playas, ya está afectando las condiciones excepcionales de esa zona para el desarrollo turístico pleno y de calidad. Si se une esto al hundimiento y agrietamiento progresivo de los suelos en esa privilegiada zona turística por los efectos de la sobreexplotación de las aguas subterráneas, hay que convenir en que ya la principal fuente de divisas está en peligro. Esa es una alarma que debería llamar la atención para poner los correctivos que reviertan esa situación.

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