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Humanos en cuarentena, ¿pero qué ocurre con la naturaleza?

Parecía un caso aislado. A mediados de marzo, los usuarios de Twitter explotaron de felicidad cuando se difundió un video que mostraba el agua limpia y transparente de los canales de Venecia (Italia) que permitía ver sus peces e incluso, de acuerdo con el autor del tuit, los cisnes habían regresado al área. Días más tarde, ¡delfines y hasta un cocodrilo! Y así los casos de los animales capturados en video invadiendo los espacios tradicionalmente ocupados por humanos se fueron multiplicando con el paso de los días.

Aunque recientemente la revista National Geographic verificó y aclaró que muchos de estos avistamientos de animales eran falsos, el entusiasmo que manifiestan los usuarios al ver animales libres y saludables refleja la esperanza que aún guarda la humanidad en que la Tierra y su fauna sean capaces de trascender con éxito a la pandemia actual.

“Creo que la gente realmente quiere creer en el poder de la naturaleza para recuperarse”, comentó Susan Clayton, profesora de Psicología y Estudios Ambientales. “La gente espera y confía en que, sin importar lo que hayamos hecho, la naturaleza sea lo suficientemente poderosa como para superarlo”.

Las aguas de las playas de Barcelona lucen cristalinas, como no se recordaban. El confinamiento nos está dejando algún aspecto positivo, como este. La zona de playa de la Barceloneta y Somorrostro están cada vez más limpias y dejan ver la belleza de su fondo.

Aire más puro

Gracias a la tecnología espacial se ha podido registrar científicamente otro efecto del aislamiento humano sobre la naturaleza: el cambio en los niveles de contaminación sobre ciertas ciudades desde que se detuvo la circulación de personas, autos y toda actividad comercial que no resulte esencial para contrarrestar la emergencia sanitaria.

A inicios de marzo, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) publicaron imágenes satelitales que mostraron una caída dramática entre enero y febrero de los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire de China, uno de los países más contaminantes. “Hay evidencia de que el cambio está relacionado, al menos en parte, con la desaceleración económica que siguió al brote de coronavirus”, dijeron comunicaron ambas agencias.

Lo mismo ocurrió al norte de Italia (segundo epicentro de la pandemia). Aunque podría haber ligeras variaciones en los datos debido a la capa de nubes y al cambio climático, estamos muy seguros de que la reducción de emisiones que podemos ver coincide con el bloqueo en Italia que causa menos tráfico y actividades industriales”, explicó a mediados de marzo Claus Zehner, gerente de la misión Copernicus Sentinel-5P de la ESA.

Un llamado de atención

La actual crisis sanitaria también pone en cuestionamiento la regulación del tráfico de animales salvajes y su comercio. ¿Podría este brote de coronavirus ser un hito en el esfuerzo global para terminar con el comercio ilegal de animales salvajes y, posteriormente, proteger la salud pública? Expertos consultados por BBC Mundo dicen que es un desafío enorme, pero puede que no sea una misión imposible.

“Estamos entrando en contacto con especies de vida silvestre y sus hábitats con los que no estábamos antes”, dijo a la BBC Ben Embarek, del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según un análisis reciente, de las casi 32 000 especies de vertebrados terrestres, alrededor del 20 % de ellas se compran y venden en el mercado mundial, legal o ilegalmente. Eso es más de 5500 especies de mamíferos, aves, reptiles y anfibios.

Se estima que el comercio ilegal de vida silvestre vale alrededor de $20 000 millones y es el cuarto comercio ilegal más grande después de las drogas, el contrabando de personas y la falsificación. “Esta crisis de salud debe servir como una llamada de atención”, dijo el World Wide Fund for Nature (WWF) en un comunicado. La organización agregó que existe la necesidad de “poner fin al uso no sostenible de animales en peligro de extinción, como mascotas exóticas, para el consumo de alimentos y por su valor medicinal”. Sin embargo, enfatizan que la prohibición y la regulación de los productos de animales salvajes deberán ser globales, y no solo en China.

También hay menos ruido

Cualquier persona podría comprobarlo. Con tantas personas que se quedan en casa, y el reducido servicio de transporte público, hay mucho menos ruido de los automóviles, autobuses y otros medios de transporte.
Erica Walker, una investigadora de salud pública de la Universidad de Boston, consultada por The Atlantic, ha llevado un medidor de decibelios con ella en sus caminatas aisladas durante la cuarentena. Afirmó que las mediciones la han sorprendido pues sus resultados muestran una reducción del ruido hasta en 30 decibeles.

Rebecca Franks, una estadounidense que vive en Wuhan, el epicentro del brote de coronavirus en China, hizo esta observación 48 días después de la cuarentena de la ciudad el mes pasado: “Solía ​​pensar que no había pájaros en Wuhan, porque los veías en raras ocasiones y nunca los escuché. Ahora sé que el tráfico y la gente los silenciaron y los desplazaron”, escribió Franks en Facebook.

¿Qué ocurrirá cuando la pandemia termine? Cada individuo deberá tomar acciones sobre la preservación de su entorno ahora que la naturaleza ya ha hablado.

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