Naturaleza

Covid-19 y naturaleza, ¿después de la cuarentena qué?

Llegó la hora de conservar y, sobre todo, restaurar nuestros ambientes naturales y vida silvestre a gran escala, mientras generamos empleo de calidad.

El Rewilding trae de vuelta la Naturaleza, trae bienestar para las comunidades locales, y, sobre todo, trae alegría para nuestras almas.” Richard Preston.

La pandemia del Covid-19 y la necesaria cuarentena implementada para evitar su propagación descontrolada tuvo como objetivo limitar nuestros movimientos y aislarnos. Esta inacción, prolongada pero coyuntural al fin y al cabo, afecta nuestra salud física y mental. También degrada nuestra economía y erosiona nuestras libertades individuales.

Sin embargo, la inacción circunstancial como consecuencia de la pandemia no es tan preocupante como la inacción de fondo que condujo a la misma. Al igual que sucedió en el resto del mundo, nos quedamos también inmóviles y sin reacción ante la pérdida y degradación de ambientes naturales y vida silvestre que hemos provocado. Y la evidencia científica apunta a que son esas dos de las causas principales que contribuyeron a la aparición de esta pandemia, como ya sucedió en el pasado con el HIV, el SARS, el Ébola, la malaria o el dengue.

En Argentina, los ambientes naturales no solo han sufrido una gran retracción, sino que además los remanentes se encuentran degradados. No existe un metro cuadrado de nuestro territorio que no haya perdido una gran especie de mamífero, ave o reptil. Los parques nacionales no son la excepción, aunque en nuestro imaginario sean sinónimos de sitios prístinos y bien conservados. Ninguno de ellos resguarda su elenco faunístico original.

Muchos de los animales de gran tamaño que faltan, y muy especialmente los grandes depredadores, cumplen roles ecológicos claves en los ecosistemas. Se los denomina “especies clave” por esta razón. En su ausencia, los ecosistemas naturales colapsan y dejan de brindar servicios clave para nuestra supervivencia en el planeta, como la provisión de agua y aire de calidad, la mitigación del cambio climático o la aparición de pandemias.

Una vez que la cuarentena finalice deberemos atender necesidades urgentes de los segmentos más vulnerables de la sociedad. Pero no podemos hacerlo únicamente a través del fomento de las mismas economías degradantes que condujeron a esta crisis.

Debemos ensayar otras recetas y el Rewilding es una de ellas. En los lugares más marginales de Argentina para el desarrollo de economías tradicionales, es donde podemos avanzar con un nuevo tipo de economía restaurativa de los ambientes a través del Rewilding. Aquí es donde se encuentran las mejores oportunidades para crear parques y conservar los ambientes naturales remanentes, las mejores oportunidades para reintroducir las especies extinguidas que devuelvan el balance a los ecosistemas, y también las mayores necesidades de empleo debido a la acuciante pobreza que las economías tradicionales no pudieron resolver.

¿Es posible crear estas economías restaurativas? En la provincia de Corrientes, Iberá constituye un ejemplo que está siendo mirado por el mundo. Allí convergieron políticas nacionales y provinciales, involucramiento de personas locales y de organizaciones no gubernamentales como Rewilding Argentina. Allí se ha logrado crear el parque natural más grande de Argentina.

Allí se están reintroduciendo 10 especies clave que habían sido exterminadas por el hombre, incluyendo a grandes depredadores como el yaguareté y la nutria gigante. Allí la Fundación Rewilding Argentina, los gobiernos municipales, provincial y nacional han hecho inversiones millonarias que alentaron la formación de empleo sostenible y digno.

Pueblos como Colonia Pellegrini han cambiado en forma radical su economía hacia una que necesita de una naturaleza vibrante para prosperar. Otros pueblos como Concepción y San Miguel van en ese camino, con numerosos empleos creados gracias a la conservación y restauración de ambientes naturales.

¿Cómo hacer para replicar el modelo de Iberá en otras regiones marginales de Argentina? Los argentinos sabemos cómo crear grandes parques nacionales. Tenemos una larga tradición al respecto, impulsada hace ya más de 100 años por un gran visionario, el Perito Moreno.

Estos parques deben estar abiertos al uso público y debemos realizar inversiones para facilitar este uso. Los parques naturales cerrados no le sirven a nadie, ni a las personas ni a la naturaleza. La cultura de “parque cerrado, mejor conservado” ya probó ser equivocada. Se debe trabajar en crear un destino turístico y desarrollar experiencias de ecoturismo basadas en observación de fauna donde el habitante local sea parte indispensable de la misma.

La fauna entonces adquiere una relevancia clave. No todos los sitios tienen paisajes impresionantes como los paredones de Talampaya, las Cataratas del Iguazú o el Glaciar Perito Moreno. Pero todos pueden tener fauna mansa y abundante como Iberá.

Por eso una parte fundamental del Rewilding consiste en traer de vuelta las especies desaparecidas y lograr que ellas (y las que no se habían extinguido) estén en números considerables. Para contribuir a la vuelta de sus roles ecológicos y para desarrollar espectáculos de observación de fauna. Y este es uno de los mayores desafíos, porque implica un cambio cultural en cómo percibimos la conservación en Argentina.

El manejo activo de ambientes y especies en este sentido es clave. Y, al contrario de lo que sucede con la creación de parques, no está ni estuvo en nuestras agendas ni en nuestro ADN, salvo en contadas y loables excepciones. Pertenecemos a una cultura de conservación que se siente más cómoda conservando lo que queda que recuperando lo que se perdió, resistiendo el embate en la trinchera más que levantándose para contraatacar. Alguien dijo con razón “Rewilding es conservación de avanzada y acometida. Por lo tanto, es probable que los proyectos de Rewilding atraigan más la atención que aquellos que se ajustan al modelo de conservación más ampliamente aceptado, defensivo, y que ha dominado desde el siglo XIX. El Rewilding es una provocación, a menudo deliberada”.

Para que las especies vuelvan a estar presentes en nuestros ambientes hay que moverlas desde sitios dadores a sitios receptores. Es una donación similar a la que realizan los bancos de sangre. El donante sano colabora con el receptor enfermo.

Los ambientes que poseen una determinada especie en números abundantes pueden servir de fuente para mover algunos individuos hacia ambientes degradados donde la especie se ha perdido. El donante sigue sano y el enfermo se recupera. Los parques nacionales y otras áreas naturales bien manejadas y con poblaciones de fauna en buen estado deben ser orgullosos donantes de individuos a otros parques donde hayan desaparecido.

Mover animales implica desarrollar técnicas novedosas de captura, inmovilización, transporte, monitoreo. La vuelta al Iberá de los osos hormigueros gigantes, venados de las pampas, pecaríes de collares, y los proyectos en marcha para traer de vuelta a los guacamayos rojos, los yaguaretés y las nutrias gigantes entre varios otros nos llenan de esperanza. El Parque Impenetrable espera por los yaguaretés y los ciervos de los pantanos. El Parque Patagonia aguarda por los huemules. Iguazú debe recuperar al águila harpía y la nutria gigante.

El reto es difícil pero vale la pena intentarlo. Existen buenos ejemplos nacionales como el de Iberá y muchos otros alrededor del mundo que nos indican que obtener resultados auspiciosos es posible. Debemos darle escala al desarrollo de economías restaurativas. Naturaleza bien conservada, vida silvestre abundante y empleo de calidad, además de contribuir a paliar las crisis ambientales que han puesto en jaque nuestra permanencia en el planeta, contribuyen también a enfocarnos en lo importante, dejar de lado el consumo desenfrenado hacia un crecimiento económico sin límites y valorar lo más importante, una buena calidad de vida.

Sebastián Di Martino es Director de Conservación Fundación Rewilding Argentina

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