Naturaleza

SOS: el plástico invade el Mediterráneo

Miles de botellas navegan por él y el poliestireno infesta su fondo marino

El Mediterráneo corre el riesgo de convertirse en un mar de plástico. No se trata solo de la basura flotante, como las 33.000 botellas de plástico que acaban en él cada minuto, según el WWF; o como la vasta extensión de basura documentada en el 2019 por Greenpeace entre Córcega, la isla de Elba y la de Capraia. El plástico también infesta los fondos marinos: el poliestireno, por ejemplo, se ha encontrado en el estómago de tiburones que viven a 600 metros de profundidad. Italia, junto con Egipto y Turquía, es uno de los tres países que más plástico vierte al Mare Nostrum, según un reciente estudio de la prestigiosa Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Marco Matiddi, jefe del laboratorio de ecología Necton del Instituto italiano de protección e investigación medioambiental (ISPRA)- cuenta a La Voz que hace unos días se encontraba en la orilla del Tíber, el río que atraviesa Roma, donde estaba haciendo fotos para una presentación, y vio pasar un sofá entero, arrastrado por la corriente. «Ese sofá supone miles de millones de microplásticos que acaban en el mar», subrayó.

Desde hace una década, Matiddi estudia el impacto de la contaminación en la tortuga boba, la más común del Mediterráneo. Esa especie es un indicador fiable porque se alimenta exclusivamente en el agua. En el 2017, el equipo de investigación dirigido por Matiddi publicó un estudio sobre una muestra de 150 tortugas encontradas muertas en las costas italianas. «El 85 % había ingerido plástico. Pero lo que más nos alarmó fue que el 64 % de ellas tenía más plástico en el estómago. Había de todo: trozos de paraguas, tapones de botella…».

Matiddi considera fundamental recuperar este material que invade el Mediterráneo. Puede parecer una misión imposible, pero según el investigador se podrían alcanzar resultados importantes con medidas bastante sencillas: limpiar las playas durante todo el año, y no solo en las zonas turísticas; incentivar a los pescadores a traer a tierra el plástico que llena sus redes cada día, y cuidar más los ríos.

Afortunadamente, junto con la concienciación del problema, aumentan también los intentos de solucionarlo. River Cleaning, por ejemplo, es un sistema diseñado precisamente para reducir la cantidad de residuos que los ríos llevan al mar. «Consiste en una serie de boyas que giran gracias a la corriente, interceptando los residuos de plástico que flotan y trasladándolos hacia un punto de recogida instalado en un lado del río», explica el fundador del proyecto, Vanni Covolo, desde la provincia de Vicenza, en la región nororiental del Véneto. «El sistema está patentado -añade-, no interfiere con la navegabilidad de los ríos y no perturba la flora ni la fauna». El proyecto nació en el año 2019. «Estamos a punto de instalar los dos primeros sistemas en Italia y buscamos inversiones para desarrollar la solución industrial».

También se están desarrollando tecnologías para limpiar el fondo marino. Como el robot bioinspirado Silver 2, diseñado por Marcello Calisti, profesor de robótica agrícola en la Universidad de Lincoln, junto con sus colegas del Instituto superior Sant’Anna de Pisa. «Está inspirado en el cangrejo. Lo hemos probado en varias partes del mar Tirreno recogiendo diferentes tipos de residuos, desde trozos de redes de pesca hasta botellas y bolsas de plástico», dice Calisti. Advierte que todavía es un prototipo, pero funciona. La pandemia ha supuesto un retroceso en las relaciones que se habían iniciado con varias empresas para producirlo en masa, pero esperan que vuelvan a ponerse en marcha en breve.

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